Estuve en Huesca, en el 2º Congreso de Periodismo Digital. Lo organizan la Asociación de la Prensa de Aragón y el Infocentro Digital de la ciudad. Huesca se ha decidido por las nuevas tecnologías como motor de desarrollo económico para el siglo XXI. Además de esto, tiene estaciones de esquí, arte románico, buena cocina y algo de exotismo peninsular. El empeño de levantar un Silicon Valley Ibérico en las estribaciones del Pirineo Aragonés es tan encomiable que uno no puede menos que apoyarlo. A ver si así nos vamos a trabajar todos (o casi todos) a esta región tranquila, y nos olvidamos de M-30s, 40s, 50s, 110 y yo llegué antes, no se cuele, señora.
Catedral de Huesca |
El empeño digital
de la ciudad se ve hasta en las vidrieras de San Pedro el
Viejo, panteón
real. Allí duermen el sueño de los justos (y de todos, vaya) los Reyes
Alfonso el Batallador y Ramiro el Monje. Fueron hermanos. Ramiro sucedió
a Alfonso, y a pesar de ser monje montó una degollina con los nobles que
le tachaban de poquita cosa para gobernar. Esa es la Leyenda de la
Campana, que a uno le cuentan en un salón del Ayuntamiento, ante un
lienzo monumental de Casado del Alisal en el que se ve al rey Monje
rodeado de cabezas cortadas y sangrantes, y una de ellas, la del Abad ,
colgada como badajo de la campana. El suceso tuvo lugar en lo que hoy es
Museo Provincial. Bueno, a lo que iba. En la fotografía se puede apreciar
una de las vidrieras de San Pedro el Viejo, iglesia del siglo XI situada
junto a la Plaza del Mercado
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Coordina el Congreso Fernando García, a quien su mimo por los asistentes le lleva a acompañarlos en sus peregrinajes nocturnos, cuando a la luz de las farolas y de algún licor las conversaciones, en la Plaza de Navarra, o a lo largo de las arboledas del Parque, pasan de la tecnología digital a la belleza de la noche estrellada, conoces aquélla canción, y se murmuran bajito, y uno oye sus pasos en la profundidad del silencio, como hacía mucho tiempo. Si el Congreso durara más de dos días, probablemente los desvelos de Fernando requerirían una cura de sueño de varias semanas. Tal desinterés por lo personal resulta en una organización impecable, y una atención exquisita a cada uno de los asistentes.
| Buenos consejos en las calles del Casco Viejo. |
Por el Congreso pasaron muchas de las mejores cabezas pensantes que el asunto cibernético tiene capturadas en nuestro país y en otros de habla castellana: nos sorprendió la sencillez expositiva, la laboriosa humildad de Guillermo Cullell, representante de Clarín.com; nos abrumó la visión de negocio de José Antonio Miró Quesada, vicepresidente de El Comercio de Lima. Había también buena representación chilena. Un sucinto repaso a algunas de las ideas expuestas: José Cervera expone la filosofía de la gratuidad del servicio y la rentabilización del valor añadido; Carlos Guerrero detalla la lucha tenaz de Alimarket por ofrecer un servicio especializado, de calidad, mediante suscripción de un grupo muy preciso de cliente; Jesús María Latorre expone la reconversión multimediática de la Agencia Efe; Rafael Fraguas protesta como un chiquillo contra el comportamiento a veces avasallador de las nuevas tecnologías; Javier Candeira interviene una y otra vez con un discurso trufado de giros y "fucking whats" que pincela de ultramoderno el ambiente del salón; Alvaro Gil-Nágel nos habla sobre la estrategia digital de El Mundo; Juan Pablo Seijó ilustra al respetable sobre los perfiles ideales de los nuevos periodistas digitales...
| La lista sería mucho más amplia si mi limitada memoria y mi imperdonable inasistencia a las mañanas del Congreso no lo impidieran. Sólo pretendo dar una idea del nivel de profesionales que desfilaron por el estrado y los pasillos, y a los que Jesús Mari Santos, subdirector de Informativos Telecinco puso la mejor de las sonrisas de despedida con una ponencia final escrita en una prosa contundente, leída con entrega y dramatismo y punteada de un humor desarmador ("en el fondo de todo periodista late el corazón de un contertulio..."; pocas veces una ponencia congresual ha debido ¡interrumpirse por ovación!). Que me disculpen los ausentes de mi breve enumeración, y que los más curiosos acudan a las páginas del Congreso para recabar la lista completa. |
Lo mejor de todo es que esta gente tan ilustrada se metamorfosea lentamente, durante la cena y el posterior baile en los salones del Casino (un edificio modernista de altos techos decorados y suelos de madera que soportaban regular los saltos del personal bailón) en espontáneos amigos desenfadados que cuentan chistes de carne y hueso y apuran cubalibres de alegría con la misma inteligencia con la que traman silenciosas conspiraciones de inteligencia en la Red. Los congresistas van formando grupos por afinidades o atracciones; buscan quizás otros locales según avanza la noche, se ayudan a sobrevivir en la ciudad desconocida, evitando las nunca despreciables trampas de la noche universal, y, finalmente, ponen proa al Hotel Pedro I, en cuyos pasillos enmoquetados y puertas de nogal se diluyen, discretamente, hasta mañana.
El nuevo día emite su sintonía |
¿Y
qué hago yo por las mañanas? Levantarme tarde, sin prisa, darme un buen
baño caliente, desayunar y salir a pasear por la ciudad, que no todo es
inteligencia y hay que dar salida al animal caminante que uno lleva
dentro. Para colmo, la ciudad me obsequia con dos días de una claridad
tan impresionante que parece el Otoño Indio de Canadá o Provenza: la luz
lateral del invierno incide sobre plazas, iglesias y rincones como un
himno a la transparencia, Dios, la transparencia, que decía Juan Ramón.
El día es tan claro que algunos ciudadanos se protegen con tableros:
¿temen que el cielo caiga sobre sus cabezas?
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En definitiva, venid a Huesca. Si es para el Congreso Digital, pues muy bien, y si no, pues también. Encontraréis en sus calles sabias recomendaciones saludables, y quizás al espíritu burlón de Nacho Escolar, que se ríe gentilmente de casi todo mientras en su coco se cuecen nuevas melodías de Meteosat. Veréis una de las fuentes más coquetas de la geografía mundial
Fuente de la Plaza del Ayuntamiento |
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Venid, hombres y mujeres de Dios! Que no os va a pasar nada!
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Pescanova